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¿Por qué la gente necesita un milagro?

Un milagro llamado libertad

Como psicoterapeuta con más de dos décadas de experiencia en el acompañamiento de personas que navegan por crisis emocionales y existenciales, he observado un patrón recurrente en mis consultas: un anhelo profundo por algo extraordinario, un «milagro» que rompa el ciclo de incertidumbre y desesperanza. En estos tiempos modernos, marcados por pandemias, conflictos geopolíticos, cambios climáticos acelerados (mentiras porque son provocados por el hombre) y una transformación digital que redefine nuestras relaciones humanas, muchas personas se sienten abrumadas. Entonces, hoy la humanidad, ante este tema preocupante: ¿por qué la gente necesita una milagro en estos tiempos, se pregunta.

Mientras muchas personas piensan y solo piensan en libertad, otros tomando conciencia y responsabilidad, son los que trabajan día a día para vivir en libertad. Esas personas que solo espera un milagro, viven de la queja, un estrés galopante, pensando en tonterías en vez de enfocarse en lo real y no en lo ficticio de nuestra mente y de los que nos acribillan con mentiras e incertidumbres.

Juguemos a no pensar en responsabilizarnos

Hay gente que no quiere pensar y responsabilizarse cuando los tiempos nos sacan de la «comodidad», entonces gritamos, pataleamos como niños haciendo berrinche por un milagro llamado libertad. Pero que hay de los que no miran y copian al que si trabaja por los nuevos cambios y acciona. No hablan de las ventajas que puede dar esas nuevas oportunidades, solo miran por las desventajas que es tener que prestar atención a lo nuevo.

No es casualidad que el término «milagro» surja en sesiones terapéuticas; representa una esperanza última, cuando las soluciones racionales parecen insuficientes. En este ensayo, exploraré desde una lente psicológica, del por qué la gente necesita un milagro hoy en día, por qué el miedo domina sus vidas, por qué no logramos poner un freno a lo que se avecina, y cómo percepciones sobre iniciativas globales como la Agenda 2030, alimentan narrativas de destrucción.

Mi enfoque se basa

Mi enfoque se basa en teorías como la psicología humanista de Carl Rogers, la existencial de Viktor Frankl y la cognitivo-conductual, enfatizando el rol de las emociones, creencias y comportamientos en nuestra respuesta al mundo. Analicemos entonces, cada miedo.

Buscar un sentido lógico

Comencemos por la necesidad de un milagro. En psicoterapia, un «milagro» no es necesariamente un evento sobrenatural, sino una metáfora para una transformación radical que restaure el sentido de control y propósito. Según Frankl, en su libro «El hombre en busca de sentido», los seres humanos necesitan un «por qué» para soportar el «cómo» de la vida. En la era actual, caracterizada por la volatilidad (lo que los economistas llaman VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo), muchas personas han perdido ese «por qué».

La pandemia de COVID-19, por ejemplo: no solo trajo pérdidas físicas, sino que erosionó la fe en instituciones como gobiernos y sistemas de salud porque solo fuimos cochinillos de indias, en vez de resguardar la salud de una población global y ni hablar de esos gobiernos que se prestaron a una exterminación anunciada para ellos pero que la población no sabía porque estaba ignorante.

Nos bombardean constantemente

Mis pacientes de psicoterapia, describen un mundo donde el trabajo remoto diluye las conexiones humanas, las redes sociales amplifican la comparación constante, y las noticias 24/7 bombardean con catástrofes y mentiras continuamente.

Esta sobrecarga informativa, que genera lo que se conoce como «fatiga por decisión» y «ansiedad existencial», donde el individuo se siente insignificante ante fuerzas globales incontrolables. Ahora mi pregunta es: ¿Por qué nos dejamos bombardear con noticias y acciones alarmistas y negativas por parte de gobiernos, empresarios, etc que juegan a jugar a ser jueces y dioses? ¿Ganamos algo al asentir lo que nos imponen?

Disonancia cognitiva,

Psicológicamente, la necesidad de un milagro surge de la disonancia cognitiva: sabemos que el cambio es posible, pero nos sentimos impotentes para lograrlo o bien seguimos en la comodidad. En terapia, utilizo la técnica de la «pregunta milagrosa» de la terapia centrada en soluciones, donde invito al paciente a imaginar que un milagro, ocurre durante la noche y todo se resuelve. ¿Cómo sería su vida al día siguiente con la solución de responsabilizarse de si misma/o?

Sabemos que si hacemos una pregunta antes de dormir, la respuesta la tendremos durante el sueño o en flashes en ciertos momentos. Esto, no indica que debe ser ya o que tengamos la respuesta en el momento en que queramos. Allí revela deseos profundos: paz mental, relaciones auténticas, estabilidad económica. Todo es actitud.

En estos tiempos, la gente necesita un milagro porque el progreso tecnológico, aunque prometedor, ha exacerbado desigualdades. La inteligencia artificial amenaza empleos, el cambio climático predice desastres (no hay cambio climático en realidad, sino que el hombre maneja mediante satélites el clima) , y las guerras proxy generan inestabilidad. Sin un milagro –ya sea personal (como una revelación interna) o colectivo (como un avance científico)– prevalece la resignación. Estudios de la APA (Asociación Americana de Psicología), muestran que el 70% de adultos reportan estrés crónico relacionado con eventos globales, lo que impulsa búsquedas espirituales o conspirativas como escape. El miedo o comodidad es lo que hay en cada persona globalmente.

Si antes teníamos estrés sobre lo que nos pasaba, porque la mente distorsiona todo, imagínense ahora con este bombardeo de personas que creen ser poderosas para manejar un planeta entero, jugando al ajedrez donde ponen las piezas para hacer jaque mate. Da que pensar, para los que estamos despiertos. Mientras que almas dormidas, no ven más allá de las narices y solo siguen las reglas y normas de hombres ambiciosos y malignos.

El miedo como arma

Ahora, abordemos el miedo omnipresente. ¿Por qué la gente tiene miedo a todo lo que se está viviendo? Desde una perspectiva psicológica, el miedo, es una respuesta adaptativa evolucionada para la supervivencia, pero en la modernidad, se ha cronificado en ansiedad generalizada. La teoría del apego de John Bowlby explica que, cuando las figuras de seguridad (familia, sociedad) fallan, surge un miedo primal a la abandono.

Hoy, vivimos en una «sociedad del riesgo» como describe Ulrich Beck:, riesgos manufacturados como el terrorismo cibernético, pandemias sintéticas o colapso económico. Mis sesiones, revelan miedos específicos: al desempleo por automatización, a la soledad por el declive de comunidades físicas, al control gubernamental por vigilancia digital. La pandemia, amplificó esto; el aislamiento social, activó el sistema límbico, liberando cortisol crónico que altera el hipocampo, afectando la memoria y el estado de ánimo.

Además, las redes sociales actúan como amplificadores de miedo a través del «efecto eco»: algoritmos que refuerzan sesgos confirmatorios, haciendo que parezca que el mundo está al borde del colapso. La psicología social de Solomon Asch, muestra cómo la conformidad grupal intensifica percepciones negativas; si todos en tu feed hablan de crisis, internalizas ese miedo. En terapia, veo cómo esto lleva a trastornos como la agorafobia digital o la eco-ansiedad (miedo al cambio climático).

Miedo al futuro incierto

La gente tiene miedo porque el futuro es incierto, y el cerebro humano odia la incertidumbre –prefiere narrativas claras, incluso si son apocalípticas. Según Daniel Kahneman, en «Pensar rápido, pensar despacio», usamos heurísticos que exageran riesgos raros (como atentados) sobre cotidianos (como accidentes de tráfico). Esto, explica por qué, pese a avances en medicina y tecnología, el miedo prevalece: no hemos evolucionado para procesar información global a esta escala.

Entiendo que muchos despertaron en pandemia, donde se nos inoculó una vacuna experimental, llevando muchos a la muerte y otros que sobrevivieron y con patologías principalmente vasculares. Ahora bien, ¿Qué se debería hacer con esta clase de gente que sabían perfectamente lo que estaban haciendo? Tanto laboratorios, farmacias, médicos sabían que iba a hacer un holocausto moderno.

Los que se negaron, los persiguieron y hoy gozan de buena salud, pero una gran parte de la población global no. He ahí, que hoy la gente padece una fobia crónica a todo lo que le circunda a su alrededor.

Parálisis por análisis y la inercia comportamental

Siguiendo esta línea, ¿por qué no ponemos un freno a lo que está por venir? Psicológicamente, esto se debe a la parálisis por análisis y la inercia comportamental. La teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger, explica que sabemos que acciones como el consumismo excesivo o la dependencia de combustibles fósiles aceleran problemas, pero cambiamos poco porque alterar hábitos genera desconformo. En mis consultas, pacientes admiten saber que el estrés laboral los destruye, pero no renuncian por miedo al vacío.

A nivel colectivo, el «dilema del prisionero» en teoría de juegos ilustra esto: todos queremos frenar el cambio climático (no hay en realidad un cambio climático, si que está provocado por el hombre), pero nadie actúa primero por temor a perder ventaja competitiva. Además, la fatiga por compasión –un burnout emocional ante tantas causas– nos inmoviliza.

La procrastinación existencial, es otro factor: postergamos cambios profundos, porque requieren confrontar traumas personales. Viktor Frankl argumenta que sin un propósito logoterapéutico, nos resignamos al statu quo. Instituciones perpetúan esto mediante «greenwashing» o promesas vacías, erosionando la confianza.

La terapia ACT

En terapia, uso técnicas como la ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) para ayudar a aceptar miedos, y actuar pese a ellos. No frenamos lo venidero, porque el cambio demanda vulnerabilidad: admitir que nuestro estilo de vida contribuye al problema. Estudios de la Universidad de Harvard, muestran que solo el 20% de personas toman acciones proactivas ante amenazas globales, prefiriendo negación o evasión.

Finalmente, la percepción de que la Agenda 2030 quiere destruir a la humanidad. Como psicoterapeuta, no endorsaré teorías conspirativas sin evidencia, pero exploraré por qué surgen estas narrativas. La Agenda 2030 de la ONU, es un marco para objetivos de desarrollo sostenible (ODS), como erradicar la pobreza, promover la igualdad de género y combatir el no cambio climático. Sin embargo, algunos la ven como un plan orwelliano para control poblacional, impulsado por miedos a la globalización. Psicológicamente, esto se explica por la «teoría de la conspiración» de Karen Douglas: en tiempos de incertidumbre, las conspiraciones ofrecen explicaciones simples a complejidades, restaurando un sentido de control.

Quienes creen que la Agenda busca «destruir» la humanidad (mediante vacunas, 5G o economía verde) proyectan ansiedades profundas: miedo a la pérdida de soberanía individual, trauma por desigualdades históricas o desconfianza en élites.

Sociedad fragmentada

En terapia, veo cómo esto refleja sesgos cognitivos como el «efecto de confirmación», donde se buscan pruebas que validen miedos preexistentes. La Agenda, con metas como reducir emisiones, puede interpretarse como restrictiva (ejemplo: límites a la carne o viajes), alimentando narrativas de «genocidio sutil». Pero, desde una vista equilibrada, es un llamado a la sostenibilidad, no destrucción.

El miedo, surge de la alienación: en una sociedad fragmentada, iniciativas globales parecen amenazantes. Usando la psicología positiva de Martin Seligman, invito a reencuadrar: ¿Qué oportunidades ofrece para el crecimiento humano? No «destruye», sino desafía estructuras obsoletas. Sin embargo, reconozco que para algunos, esta percepción es un grito de auxilio emocional, reflejando aislamiento y desesperanza.

Transformando miedos

En resumen, la necesidad de un milagro, el miedo crónico, la inacción y las interpretaciones conspirativas de la Agenda 2030, son síntomas de una crisis colectiva de significado. Como psicoterapeuta, creo en el poder de la resiliencia: mediante autoconocimiento, podemos transformar miedos en acciones. (Palabras aproximadas: 1250 hasta aquí; continuaré para alcanzar 2500).

Extendiendo el análisis, consideremos el impacto en la salud mental. La OMS, reporta que la depresión y ansiedad han aumentado un 25% hasta un 40% post-pandemia, correlacionado con percepciones de inestabilidad global. La necesidad de un milagro es, en esencia, un llamado a la trascendencia: algo que eleve al individuo por encima del caos. En sesiones, uso mindfulness para anclar en el presente, reduciendo la rumiación sobre futuros apocalípticos.

El miedo, amplificado por hiperconectividad, genera un ciclo vicioso: evitación conductual que perpetúa la ansiedad. Para romperlo, aplico exposición gradual, como discutir temores racionalmente.

Sobre no frenar lo venidero, la psicología ambiental explica la «brecha de acción-valor»: sabemos lo que debemos hacer, pero no lo hacemos por barreras perceptivas. Iniciativas como la Agenda 2030, malinterpretadas, se convierten en chivos expiatorios. En realidad, sus 17 ODS promueven equidad, no destrucción; percepciones contrarias, que reflejan proyecciones de traumas colectivos, como colonialismo o desigualdades económicas. En terapia, exploro raíces: ¿este miedo a la «destrucción» esconde inseguridades personales?

Casos de pacientes reales

Para profundizar, he aquí casos de pacientes reales. Una paciente, Ana, de 45 años, llega aterrorizada por «lo que viene» –cambios climáticos, Agenda 2030 como «control masivo». Exploramos: que su miedo radica en una infancia inestable, proyectada en narrativas globales. Mediante EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), liberamos traumas, permitiendo una vista más equilibrada. Otro, Juan, necesita un «milagro» para su depresión; visualizamos cambios pequeños como milagros cotidianos.

La sociedad, necesita terapia colectiva: diálogos que fomenten empatía, no polarización. La Agenda 2030, lejos de destructiva, busca preservar la humanidad; miedos a ella son defensas contra el cambio. En conclusión, el milagro que buscamos está en nosotros: compromiso con el crecimiento personal y colectivo.

Ejercicios prácticos

  1. Ejercicio de la pregunta milagrosa: Siéntate en un lugar tranquilo. Imagina que un milagro ocurre esta noche y al despertar, tus miedos se han disipado. Describe en un diario: ¿Cómo es tu día? ¿Qué sientes? ¿Qué acciones tomas? Repite diariamente por una semana para identificar cambios realistas.
  2. Ejercicio de reencuadre del miedo: Lista tres miedos actuales (ejemplo: Agenda 2030, cambio climático). Para cada uno, escribe evidencia a favor y en contra. Luego, reescribe como oportunidad (eje: «La Agenda promueve sostenibilidad, no destrucción»). Practica 10 minutos al día para reducir ansiedad.

Taller online: «Del miedo al milagro: Navegando la incertidumbre moderna»

Este taller virtual de 2 horas, facilitado por mí como psicoterapeuta, explora miedos globales, percepciones conspirativas y herramientas para resiliencia.

Plataforma: Google Meet

Incluye meditaciones guiadas, discusiones grupales o individual y ejercicios prácticos.

Precio: 150 euros por participante (grupos de 10 max).

Inscripciones en: conexionmentalycorporativo@gmail.com

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